Tecnología para leer la mente
Por Mavi Cañete • 12, Mayo 2026
Alguien me dijo una vez que uno se conoce en la medida en la que se presenta a los demás. Quién soy para saber qué quiero. Lo que daríamos en esta industria para saber qué quieren nuestros clientes, tanto que romantizamos costumbres alrededor de nuestro ritual más antiguo; las conversaciones. Y jugamos a leer la mente como parte de nuestro proceso, tan normalizado y estructurado. Como los cables que adornan nuestra ciudad. Tienen un propósito, si puede ser. ¿Puede ser mejor? no lo pensamos.
Con las conversaciones pasa algo parecido. Existen, cumplen una función, sostienen proyectos enteros incluso, pero pocas veces nos detenemos a revisar si la forma en que conversamos realmente ayuda a trabajar mejor. En teoría, todo proyecto empieza con una charla, pero en la práctica, muchas veces empieza con una cadena de supuestos: yo pensé que querías esto, yo asumí que mi rol era este, yo creí que alguien ya había dicho eso. Y así arrancan varios problemas, entre crisis de identidad y otras cosas.
Tándem nace exactamente ahí. En la observación de estas conversaciones, en las suposiciones, en la insatisfacción de no cumplir las expectativas ajenas y propias. Nace como una adaptación del libro Value Pursuit de Karianne Rygh Ed; que proponía una manera de visualizar vínculos, aportes y tensiones dentro de un grupo. Lo interesante del proyecto además de tomar esta referencia fue traducirla, no sólo a nuestro idioma sino a nuestro contexto cultural. Sacarla del papel, traerla a una mesa de trabajo, convertirla en un tablero, en colores, en piezas, en una dinámica concreta para equipos en la vida real.
La innovación de Tándem no está en volver complejo algo simple, sino en hacer visible algo que normalmente queda implícito y conversar es un hábito cotidiano dentro de cualquier organización. Pero hacerlo bien, con una estructura que ordene expectativas e inspire compromisos concretos, ya no es tan común. Tándem toma esa conversación inicial, muchas veces informal o incompleta, y la convierte en una dinámica divertida, participativa y accionable.
Con una secuencia sencilla, cada jugador completa tres niveles: expectativas, contribuciones y desafíos. Primero, pone sobre la mesa qué espera del proyecto, del equipo o del espacio compartido. Después, identifica qué puede aportar de manera concreta. Finalmente, reconoce los desafíos, riesgos o dificultades que ve dentro del proceso. Una vez que todos completan esas capas, aparece el momento más potente de la dinámica: conectar las contribuciones de una persona con los desafíos de otra.
La innovación nos encontró ahí, en ese momento específico; en dónde la rutina se convierte en hábito. En repetir y repetir algo, muchas veces, demasiadas veces hasta que se haga costumbre, hasta encontrar la excepción y en la excepción: algo nuevo.

TÁNDEM es algo nuevo.
Es un proyecto que parte de un hábito que damos por sentado: el hábito de conversar.
Es una herramienta para conversar, inspirada en los juegos de mesa, cuyo objetivo principal es aportar una visión clara sobre las expectativas de cada colaborador/a al iniciar un proyecto.
Es una forma sencilla de tener frente a nuestros ojos la contribución que cada quien está sumando a un proyecto.
No arrancó con una búsqueda tecnológica, sino de una incomodidad bastante más simple: la de ver cómo muchos proyectos empiezan con demasiadas cosas sin decir. Qué espera cada uno, que cree que puede aportar, qué problema ya ve venir.
Sí, no es una máquina para leer la mente de nuestros compañeros o clientes, pero sí es una herramienta útil para presentarnos, conocernos y alcanzar nuestros objetivos juntos.